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El peso del deber



Lorenzo nació en Calasparra, en una España donde la escasez no era una etapa, sino parte del día a día. Recuerda momentos de escasez, el silencio en la mesa y la mirada firme de su padre, un hombre de pocas palabras y manos incansables que sabe trabajar bien el azulejo. Le admira por su buen pulso, sabe nivelar, cortar, rematar esquinas.
Es alicatador. La gente del pueblo le conoce, le llaman cuando hay que arreglar una cocina, solar un patio o hacer un pequeño baño. Trabaja, sí, pero en un pueblo dedicado a la huerta hay semanas con encargos… y semanas sin nada. Y cuando hay trabajo, no siempre se paga bien, ni rápido.
Esta es una España todavía pobre, de posguerra, donde en muchos hogares se vive con lo justo y en Calasparra se sobrevive pero no se progresa. En este momento, la familia toma la decisión de migrar a Rubi, en Barcelona. Buscan nuevas oportunidades, y Lorenzo no encuentra escuela ni cuadernos. Encuentra trabajo. Tiene 8 años.

A esta edad su padre le pone, por primera vez, una herramienta en la mano. No es solo un oficio lo que le enseña, es una forma de estar en el mundo, una manera de hacer bien las cosas, de cumplir los compromisos y de no rendirse ante las circunstancias. Cada vez que le recuerda, la voz se quiebra. Son muchos los recuerdos que se agolpan en la mente de un niño, muchas las personas que ayudaron en tiempos difíciles.
Poco después, ese mismo padre faltó.
Y entonces, de forma inesperada, dejó de ser niño.

Con su madre y dos hermanas dependiendo de él, aprendió a decidir, a sostener, a no fallar. Mientras otros crecían entre juegos, él creció entre responsabilidades. El oficio se convirtió en su escuela: los azulejos, los materiales, los tiempos de obra. Pero también aprendió algo más difícil que no se aprende en la escuela: ver oportunidades donde otros solo ven trabajo duro.
Con el tiempo, dejó de ser solo un ejecutor. Empezó a negociar, a coordinar, a liderar. A los 22 años ya tenía personas a su cargo. Sin estudios formales, pero con una inteligencia práctica afilada por la necesidad, se ganó el respeto de contratistas, trabajadores y clientes.
Pero el éxito como la vida no es lineal. Ganó dinero y lo perdió en crisis que marcaron al país —el 76, el 92, el 2008— y volvió a empezar. Más de una vez. Sin dramatismos, sin excusas.
Hoy, en su propio barrio, su nombre es referencia. Preside el centro de mayores de su localidad, no por ambición, sino por la confianza de quienes le reeligen una y otra vez. . Lleva las cuentas con una transparencia casi obsesiva, y aunque pide relevo, siempre le reeligen.

Lidera con firmeza y con la claridad de quien sabe de objetivos. Lo que más le importa ahora no es lo que construyó, sino lo que sostiene: un lugar donde la soledad se rompe, donde los mayores se encuentran, donde cada día alguien vuelve a sentirse acompañado y los vecinos de su barrio encuentran el lugar donde cada historia importa como miembros de esta pequeña comunidad.
 
En su escaso tiempo libre navega, quizá porque el mar le recuerda a su propia vida: imprevisible, exigente y desafiante.

Lejos quedó aquel niño de ocho años que con herramienta en mano supo pronto el significado de marcarse objetivos y la satisfacción, indiscutible, de lograrlos.

CFC

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5 comentarios

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Invitado
hace 2 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Tan bien narrado, que te transporta al momento, te hace erizar la piel ver la vida de esfuerzo y de responsabilidad que llevó a tan temprana edad, me encantó el relato, ameno y con belleza literaria

Felicitaciones a la escritora.

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Rosana
hace 4 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Que delicia esta lectura, te transporta a cada momento de su vida, te pone en su piel, y la piel de gallina se siente en la propia. Gracias ❤️

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Myriam
hace 4 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Como cada uno de los textos de la serie, una pequeña joya, que va mucho más allá de lo literario, al reivindicar un tiempo y una generación que conservó los valores de la honestidad, la colaboración y la transmisión de saberes. ¡Felicidades, querida!

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Invitado
hace 4 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Oooleee este Relato Impecable y que Narra una Historia real, un Ejemplo de una Persona Valiente que se ha hecho a sí misma, con su esfuerzo, con honestidad y con su Trabajo desde niño... Gracias!!!

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Ricardo Fernandez de Cordoba
hace 4 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy buen relato. Más allá del texto, impresiona una vida íntegra, de las que dejan huella sin necesidad de hacer ruido.

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