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Perseverar en esto.



Inquietos los tableteos de la duda

en las teclas al sucederse contra las yemas

tenaces de los dedos. Uno descansa.

Sí, tanto si continúa como si no.

Pero no alcanza jamás a licuarse; no del todo.

Calmarse solidificándose pesando menos;

algo así como convertirse en un metal feble,

autodeleznarse (¿es posible?)

y dedicarse a deleznar la rigidez obtusa

de la orden y de la prisa,

aunque sea llenándose el pecho de ángulos,

y los ángulos rectos, de humo (de asesinas hipotenusas en la afiligranada intrahistoria de un arabesco).


Eduardo Montull FC


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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