Mito 2: “El frío es peligroso y siempre enferma”
- carmen fernandez de cordoba
- hace 6 días
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Ahora ya sabemos la importancia que tiene para nuestra salud mantener la coherencia entre el sistema inmunológico, el sistema endocrino y el sistema nervioso, pero ¿cómo se comunican estos sistemas entre sí?
A través del sistema vascular. Es este el principal conector y canal de comunicación entre estos sistemas.
Su misión principal es transportar sangre a todo el organismo garantizando la oxigenación de órganos y tejidos a través de las arterias y capilares sosteniendo la vida celular y permitiendo la adaptación fisiológica al entorno para aclimatarnos a los cambios de temperatura.
Pero nuestro sistema vascular se encuentra en baja forma.
La calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano rompen el ritmo natural de adaptación de las personas a su entorno provocando cambios de temperatura constantes que conducen a permanentes infecciones virales e incluso problemas cardiovasculares.
Por otra parte, si miramos con atención el origen de la humanidad, nuestros antepasados no morían de frio. Su sistema vascular hacia su trabajo abriendo y cerrando los vasos sanguíneos en función de las necesidades climáticas que iban surgiendo. Los casos de pueblos originarios como Onas, Yaganes o Alacalufes del sur de Chile demuestran como el cambio de hábitos y costumbres, tales como el uso de ropa impuesto por los misioneros terminaron debilitando el sistema inmunológico de estos pueblos al romperse un fino equilibrio entre cuerpo, clima y costumbres.
Hoy la idea de pasar frio nos incomoda a una gran mayoría de personas. Preferimos el confort a la incomodidad del frio sin entender como la exposición progresiva al mismo tiene efectos beneficiosos por activar capacidades adaptativas que el cuerpo recuerda pero que, en el día a día, se encuentran infravalorados. Bastaría con acabar nuestras duchas con un minuto de agua fría para ir entrenando esta capacidad. Este shock térmico gradual activa la grasa parda, un tejido adiposo que genera calor a partir de la energía almacenada en forma de glucosa y ácidos grasos equilibrando el metabolismo y la inflamación crónica. Especialmente recomendado si hay sedentarismo ya que la exposición al frío aumenta el gasto energético basal.
Por otra parte, respirar de forma consciente antes de sumergirnos en agua fría reduce la hiperventilación cuando la respiración la hacemos lenta y consciente. Al activar el nervio vago se inhibe la respuesta al miedo y se reduce la sensación de dolor causada por el estrés.
Por tanto, exponernos de forma consciente y progresiva al frío, respirar y mantener control sobre nuestro cuerpo, parece un buen plan si nuestro objetivo es volver a conectar con mecanismos biológicos olvidados que nos aseguren una salud sólida y sostenible.
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