Mito 6 “El mito del cerebro aislado: cuando el intestino también piensa”
- carmen fernandez de cordoba
- 27 feb
- 2 Min. de lectura

He constatado en un hospital público de España como los gastroenterólogos al ser preguntados si la dieta afecta, o no, los procesos de cognición sueltan un NO rotundo que suena casi como un exabrupto no sé si tanto por su sorpresiva seguridad o por la incredulidad que produce la sonada negativa. En ese momento mi única prueba era empírica. Un familiar con serios problemas de memoria hospitalizado y con suero por 15 días recupera por completo la memoria perdida y lo que es más importante el control de su vida. Real como la vida misma. Igual de real que las dos hamburguesas mal cocidas y de dudosa procedencia que le soltaron el primer día que pudo salir de la dieta, unido a un zumito azucarado de caja. Era evidente que si no veían la relación entre dieta y sistema digestivo menos iban a ver la implicancia de este sobre el cerebro y los procesos de congnición. Lo curioso es que esta anécdota es del año 2025 y ya desde el 2011 existían publicaciones científicas de gran prestigio que demostraban como el microbiota influía directamente en los procesos de cognición y en el comportamiento. Este estudio, realizado con ratas, observó que los animales que contaban con un microbiota saludable tenían factores de crecimiento neuronal adecuados, buenos procesos de aprendizaje y una regulación conductual normal. Sin embargo, cuando el microbiota de estos animales era alterada, se producían cambios claros en su comportamiento: dificultades para aprender, problemas para orientarse en tareas básicas como encontrar comida y alteraciones significativas en el comportamiento social.
A pesar de que ya existen estudios que demuestran la relación entre los procesos de atención y memoria con el intestino y la microbiota y su proceso inverso, es decir, el impacto de la meditación o el entrenamiento de la atención con el sistema digestivo no es una información que este ampliamente divulgada pero lo que sí podemos hacer es observarnos cuando terminamos de comer. ¿me siento más lento o lucido?, ¿siento que ciertos alimentos me ponen más irritable?, afecta a tu sueño cenar tarde o beber té o café? Cuando las respuestas no las encontramos en la medicina preventiva o en nuestros hábitos culturales siempre podemos acudir a la observación de nuestro cuerpo e ir haciendo los ajustes que nos haga sentir con más vitalidad y más alerta.
La salud es más responsabilidad propia que de terceras personas
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