Entre la ciencia y la sabiduría antigua: la respiración como vía de reorganización interna
- carmen fernandez de cordoba
- 12 ene
- 2 Min. de lectura

En este capítulo intento capturar el interés por nuestro hábito más constante, simple e inconsciente en nuestro mundo occidental: Respirar!
El interés viene por el contraste entre el entendimiento occidental de la respiración, casi exclusivamente, como un proceso fisiológico frente a la atención que ponían sobre ella muchas tradiciones antiguas que la consideraban una de las prácticas más sofisticadas para influir en la experiencia humana.
En los textos védicos se lee como fue herramienta para reorganizar la energía interna y, a través de ella, la mente y el cuerpo llegando a estados alterados de consciencia. Desde esta perspectiva, la salud no se concibe únicamente como la ausencia de enfermedad, sino como el flujo armónico de la energía o prana a través de los distintos planos del ser.
El pranayama, desarrollado posteriormente dentro del yoga clásico, surge precisamente como el arte de regular esa energía. Prana significa energía vital; yama, control o regulación. Respirar conscientemente no era un ejercicio accesorio, sino una práctica fundamental para restaurar el orden interno cuando este se veía alterado. La respiración actuaba como un puente entre el cuerpo físico, el sistema energético y la mente.
Para la medicina occidental, hablar de “energía interna” genera escepticismo y desconfianza debido a su tendencia a fragmentar la experiencia humana y sus dolores en sistemas separados, pero ¿Qué nos dice el ejemplo de occidentales como Wim Hof,, el hombre de hielo, que desafía este tipo de convencionalismos con técnicas simples de focalización y respiración? ¿Cuánto estamos dejando de mirar debido a nuestro estilo de vida apresurado que nos hace delegar la salud propia y la de nuestros familiares en sistemas que no siempre han sido eficaces en mostrar resultados?
El pensamiento védico, en cambio, parte de una visión integradora… cuando la energía se desorganiza, el cuerpo y la mente terminan expresando ese desequilibrio de diferentes maneras. Desde esta mirada, muchos procesos de malestar no se abordan directamente como “síntomas”, sino como señales de una pérdida de coherencia interna. La respiración consciente se utiliza entonces para restaurar ritmo, continuidad y dirección al flujo energético. No se trata de forzar cambios, sino de crear las condiciones para que el organismo recupere su capacidad natural de autorregulación.
La respiración, entendida de este modo, no busca únicamente relajación o rendimiento. Su función más profunda es reorganizar. Introduce orden donde hay dispersión, continuidad donde hay fragmentación y presencia donde hay automatismo. Al modificar el ritmo respiratorio, se modifica también la forma en que la experiencia se organiza internamente.
Un ejercicio inspirado en la tradición védica
Siéntate con la espalda cómoda y erguida.
Inhala por la nariz contando hasta cuatro.
Exhala suavemente contando hasta seis.
Permite que la respiración fluya sin esfuerzo.
Repite durante cinco minutos.
La intención no es “lograr” nada, sino observar cómo, al bajar el ritmo, la experiencia interna comienza a reorganizarse por sí misma.
CFC



Comentarios