Lucentum
- carmen fernandez de cordoba
- 19 jul
- 2 min de lectura

Intento encontrar en palabras como Lucentum o Al-Laqant alguna pista que explique el contraste, o quizá alguna pista que asocie nombres tan ligados a la luz con la erosión lenta del sentimiento continuo de pérdida.
Cuesta asociarlo con tan blanca y luminosa ciudad coronada por tan perfecto castillo en tan clara loma.
¿Es una paradoja? Tal vez.
O quizá una muestra más de esa dualidad que acompaña la experiencia humana, la convivencia permanente entre la belleza y el dolor, entre lo que permanece y lo que inevitablemente se desvanece.
La reflexión resulta convincente, en teoría. Sin embargo, en este tiempo y en este lugar, lo que percibo cada día es cómo se van desprendiendo, una a una, aquellas raíces que nos unían a un suelo tan familiar y a una idea de hogar tan personal que, durante tantos años pareció inmune y ajeno al tick- tack de la vida. Un hogar construido sobre nuestros propios rituales, nuestros afectos, nuestras historias compartidas y nuestras películas familiares.
Un mundo donde los años se organizaban entre colegios y veranos, y donde las preocupaciones tenían la dimensión amable de la infancia. Una familia numerosa que, precisamente por serlo, constituía un universo completo, y, siempre, autosuficiente.
Con el paso del tiempo, esa sensación de permanencia se va desvaneciendo. Lo que parecía sólido comienza a deshacerse lentamente, como la arena en un reloj que no se detiene. Y junto a ella surge la conciencia de que aquellos años que parecían ordinarios eran, en realidad, extraordinarios.
Aquel ayer se ha convertido en un presente en el que uno debería aprender a despedir, poco a poco, los sueños, las fuerzas y los tiempos de quienes nos preceden. Una despedida que anticipa otras, porque así transcurre la vida…desprendimientos graduales de algo que en su momento tuvo la apariencia de sólido.
Quizá la verdadera pérdida no sea únicamente la de las personas que amamos, sino también la de ese lugar interior que habitábamos junto a ellas y que, sin darnos cuenta, lo pensábamos permanente.
CFC



No solo admiro la sensibilidad y empatía de las palabras de mi Piti bella; también la precisión con que describe emociones universales. La nostalgia de quienes fuimos y la larga despedida de esa foto feliz de la infancia. Yo quiero creer, amiga querida, que mientras las personas y las vivencias permanezcan en el recuerdo, nunca se van del todo.
Preciosa manera de expresar algo tan intangible como profundo: la Forma de nuestras Creencias, de nuestros Valores y el Despertar a esta Realidad en la que nada permanece y todo está en continuo movimiento!!! Gracias Carmen por la delicadeza y sensibilidad que siempre encuentro en todos tus Escritos... En todas tus Preciosas Narraciones y Relatos!!!
Hermosas y sabias reflexiones de valor universal. Gracias.