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Mito 3: “La respiración solo sirve para oxigenar”

Si haces lo que hacemos todos probablemente tendrás respiraciones tan cortas, involuntarias e inconscientes que te sorprenderá cómo nos afecta su buen funcionamiento a nivel emocional y cognitivo, pero sentarse a seguir los ritmos, frecuencias, alternancias y retenciones de las inhalaciones y exhalaciones te puede llevar, también, a momentos paradójicos donde te cueste ver estos beneficios tomando en cuenta la angustia que produce seguirlos a rajatabla, en caso de que no tengas experiencia meditando, o no lleves tan bien eso de “no hacer nada”. Es más, sentarnos a solas, estar en silencio y “dejar la mente en blanco” a muchas personas le produce ansiedad y reconozcamos que no es fácil.

 Según un estudio realizado por la Universidad de Virginia en el año 2014 y publicado en la revista Science, el 65% de las personas que componían el grupo de estudio prefirió recibir una pequeña descarga eléctrica antes que quedarse pensando entre 6 y 15 minutos sin ningún tipo de direccionamiento externo. Pero si supiéramos que la hiperactividad neuronal patológica es uno de los factores que  se relaciona con el Alzheimer (no el único) y que la meditación actúa como un regulador de la hiper excitación neural empezaríamos a darle más importancia al proceso de sentarnos a respirar.

Cuando respiramos por la nariz producimos óxido nítrico (NO), una molécula pequeña, pero de un impacto fisiológico enorme. Es el mensajero clave que regula el equilibrio entre el sistema nervioso, endocrino e inmunológico fundamental para la vasodilatación, la función inmune y la comunicación entre neuronas. La respiración por la boca, típica de los estados de estrés, elimina este beneficio. Cada patrón respiratorio envía información directa al sistema nervioso. Las respiraciones cortas y rápidas activan el estado de alerta, las respiraciones lentas y profundas inducen calma. No es psicológico: es fisiológico.

Pero hay más;

En el libro sobre el potencial del cuerpo humano, Wim Hof lleva esta teoría a limites hasta ahora desconocidos para el cuerpo humano y nos enseña como ciertos patrones respiratorios alteran estados fisiológicos profundos haciendo posibles proezas sobre humanas como subir al Everest en pantalones cortos y aguantar temperaturas de -20°C generando calor interno a través de la respiración y aumentando la tolerancia al dolor.

Fortaleciendo el sistema vascular se fortalece el sistema inmune.

Estos descubrimientos cruzan fronteras sobre nuestro verdadero potencial y abre nuevas preguntas con respecto a cuáles son nuestros verdaderos límites.

Cuando recordamos que tenemos poder para afectar voluntariamente un proceso clave como es la respiración estamos abriendo el acceso a incidir sobre sistemas sobre los que no tenemos control directo, pero son críticos para el funcionamiento del organismo como un todo.  Quien respira mejor, regula mejor.

Por tanto, este mito cae cuando aceptamos que respirar es regular el sistema nervioso, no solo oxigenar tejidos.

Ignorar esta función es desperdiciar una de las herramientas más accesibles y poderosas del cuerpo humano.


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